con el agua por las rodillas llegué a la calle uriarte 1554, había un taller mecánico con una parra en el patio del fondo y enseguida pensé “es acá”… recorrí la ciudad durante un año, solo la convicción del proyecto hizo que no abandonara la búsqueda; palermo viejo todavía era un barrio de vecinos y talleres
almorzábamos todos los días en el club eros o pedíamos empanadas en la cupertina… abríamos de lunes a viernes, los sábados nos quedábamos hasta tarde: la puerta estaba siempre abierta
siempre me gustó la idea del galpón y sánchez (p.s.e. arq.) dio su nota de escala cuando decidió poner el vidrio más grande fabricado en argentina hasta ese momento: aquella vidriera generosa fue el sello de uriarte