es el fin y es el principio. sugiere interioridad, apela a lo onírico; expresa la correspondencia entre los reinos de la naturaleza, los espacios interiores y los mundos sutiles e invisibles. así, los lugares de la casa se suceden. desde el pabellón donde arranca el viaje por las estaciones, hasta despertar en el mundo de los sueños, un mundo acuático de algas y bendiciones, también de glaciares, deshielo, rupturas e insomnios. umbrales que nos transportan al bar de los elixires donde, atravesados por el universo de los hongos, empieza la transformación. vida y muerte se alternan entre sí, pociones alquímicas planetarias nos revelan que no estamos solos. nada es… todo será en la estación custodiada por las nuevas guardianas del universo, las abejas, y ahí reunidos, imagino constelarnos en torno al polen, ese mágico microscópico central, polvo vivo, esperanza. ya en la mesa, nos reciben las antiguas bacterias en un juego de luz y sombra. nos convocan con sus aromas a rituales esenciales de nutrición, girando como planetas alrededor del sol, y ahí, permanecer en el aquí y ahora, asistiendo al gran misterio. la semilla enterrada toca fondo, echa raíces y se eleva junto al fuego volcánico. arde la chispa, el planeta sigue vivo y el cielo nos sacude para recordarlo.
L A U R A O.